Comprender el NASH: factores de riesgo y estrategias de manejo

La esteatohepatitis no alcohólica (NASH) es una forma avanzada de la enfermedad del hígado graso que afecta a un número creciente de personas en Colombia. A diferencia del hígado graso simple, el NASH implica inflamación y daño en las células hepáticas, lo que puede derivar en cirrosis e insuficiencia hepática si no se trata a tiempo. Esta afección suele desarrollarse de manera silenciosa, por lo que conocer los factores de riesgo y actuar de forma temprana es clave para prevenir complicaciones a largo plazo y proteger la salud del hígado.

Comprender el NASH: factores de riesgo y estrategias de manejo

La esteatohepatitis no alcohólica (NASH, por sus siglas en inglés), también llamada esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica, es la fase del hígado graso en la que coexisten acumulación de grasa y lesión inflamatoria. Puede progresar a fibrosis, cirrosis y, en algunos casos, cáncer de hígado. Muchas personas no presentan síntomas, por lo que comprender los factores de riesgo y organizar un plan de manejo con su equipo de salud resulta clave para prevenir complicaciones a largo plazo.

Este artículo es informativo y no constituye asesoramiento médico. Consulte a un profesional de la salud para una evaluación y orientación personalizadas.

Panorama integral de los factores de riesgo en la vida diaria

El NASH se relaciona estrechamente con el síndrome metabólico. Entre los factores más frecuentes están el exceso de peso (especialmente la obesidad central), la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2. También influyen la dislipidemia (triglicéridos altos o HDL bajo), la hipertensión arterial y el sedentarismo. En la vida cotidiana, patrones de alimentación con alto contenido de azúcares añadidos, bebidas azucaradas, harinas refinadas y ultraprocesados aumentan el riesgo.

Existen factores adicionales: la apnea obstructiva del sueño, el hipotiroidismo y el síndrome de ovario poliquístico. La genética puede predisponer (variantes como PNPLA3 y TM6SF2), y ciertos grupos tienen mayor probabilidad de enfermedad avanzada. La edad, el consumo de alcohol incluso en cantidades moderadas y el tabaquismo pueden acelerar el daño en personas vulnerables. En el contexto colombiano, la transición nutricional y los cambios en estilos de vida urbanos han incrementado la exposición a estos riesgos, por lo que la detección temprana es especialmente relevante.

Cómo identificar y manejar el NASH junto a su equipo de salud

El proceso suele comenzar en atención primaria con una historia clínica completa y pruebas de laboratorio (transaminasas, perfil lipídico, glucosa/HbA1c) para evaluar riesgo metabólico. Para estimar fibrosis se usan herramientas no invasivas como el puntaje FIB-4, que combina edad, AST, ALT y plaquetas; valores elevados orientan a derivación. La ecografía puede detectar esteatosis y la elastografía por vibración (FibroScan) o la elastografía por resonancia cuantifican la rigidez hepática, útil para seguimiento cuando están disponibles.

Su equipo puede descartar otras causas de daño hepático (hepatitis virales, autoinmunes, fármacos), y en casos seleccionados considerar biopsia para confirmar actividad inflamatoria y fibrosis. El manejo colaborativo es central: medicina familiar o interna coordina el plan; nutrición diseña estrategias realistas de alimentación; actividad física supervisada favorece adherencia y seguridad; endocrinología optimiza diabetes y dislipidemia; y hepatología evalúa riesgo de progresión. Se recomienda seguimiento periódico (por ejemplo, cada 6–12 meses) para revisar peso, parámetros metabólicos y marcadores de fibrosis.

Cambios en el estilo de vida y tratamientos médicos a futuro

La piedra angular del manejo es el estilo de vida. La pérdida de 7–10% del peso corporal se asocia con mejoría de la inflamación y, en algunos casos, de la fibrosis. Un patrón tipo mediterráneo, con énfasis en frutas, verduras, legumbres, granos integrales, pescado, frutos secos y aceite de oliva, ayuda a reducir grasa hepática. Limitar bebidas azucaradas, ultraprocesados y exceso de porciones es clave. El consumo de alcohol debe evitarse o minimizarse en personas con NASH. Dejar de fumar aporta beneficios cardiovasculares y hepáticos.

La actividad física regular ofrece ventajas incluso sin gran pérdida de peso. Apunte a 150–300 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado (caminar a paso rápido, bicicleta) y 2–3 sesiones de fuerza para preservar masa muscular. En quienes tienen apnea del sueño, tratarla mejora el perfil metabólico y la fatiga. La vacunación contra hepatitis A y B en no inmunizados forma parte de la prevención de infecciones que podrían agravar el hígado.

En cuanto a medicamentos, algunos fármacos dirigidos al metabolismo muestran beneficio en personas con NASH y comorbilidades. En diabetes, agonistas del receptor GLP-1 y los inhibidores SGLT2 favorecen la pérdida de peso, mejoran el control glucémico y reducen grasa hepática; sin embargo, la evidencia histológica es variable y su uso debe individualizarse. La pioglitazona puede considerarse en NASH con diabetes, valorando riesgos y beneficios. En adultos no diabéticos seleccionados, la vitamina E se ha utilizado con cautela bajo supervisión médica. Las estatinas son seguras para tratar la dislipidemia y reducen el riesgo cardiovascular, un objetivo tan importante como el hepático.

Respecto a terapias específicas para NASH, en algunos países se han aprobado o se están evaluando opciones farmacológicas dirigidas a vías metabólicas y tiroideas hepáticas. La disponibilidad y las indicaciones pueden variar por país; en Colombia, el uso depende del marco regulatorio vigente y de la valoración por hepatología. La cirugía bariátrica es una alternativa en obesidad severa cuando fracasan medidas conservadoras, con efectos favorables en la esteatosis y la fibrosis en determinados pacientes. Evite suplementos o “desintoxicaciones” sin respaldo científico, ya que pueden ser ineficaces o incluso perjudiciales.

En resumen, el NASH requiere una estrategia integral, sostenida y adaptable: identificar riesgos cotidianos, medir y vigilar la fibrosis con métodos no invasivos, optimizar el metabolismo y adherirse a cambios de estilo de vida alcanzables. Con coordinación entre usted y su equipo de salud, es posible frenar la progresión y priorizar la salud hepática y cardiovascular a largo plazo.